Jordi Galí: “La Reserva Federal resistirá a las presiones de Trump”
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Me ha pillado por sorpresa y encima lo comparto con dos gigantes de la macroeconomía!”, exclama Jordi Galí. Profesor de la UPF, investigador del CREI (Centre de Recerca en Economia Internacional) y académico de la BSE (Barcelona School of Economics), consiguió ayer el XVII premio Fronteras del Conocimiento en Economía, Finanzas y Gestión de Empresas que otorga cada año la Fundación BBVA, un premio que algunos consideran como la antesala del Nobel. Olivier Blanchard, antiguo economista jefe del FMI, y Michael Woodford, profesor de la Universidad de Columbia (Nueva York), fueron los otros dos galardonados. Tal como destacan las motivaciones del jurado, “el modelo de política monetaria que surge de sus investigaciones se utiliza en todos los bancos centrales del mundo para tomar decisiones”.
¿En los últimos años, los bancos centrales han incrementado su esfera de influencia más allá de la simple política monetaria?
Sí, es un proceso que se inicia de forma gradual en los años 90, y en el que, efectivamente, los bancos centrales pasan a tener un papel crucial. Y ello viene acompañado, yo diría, de dos tendencias. Una es su independencia respecto a los gobiernos. Y, en segundo lugar, un mandato muy claro de objetivos de inflación alrededor del 2% y estable. Y todo ello, dotado con una serie de instrumentos analíticos que no existían y que han permitido que el grado de sofisticación de la política monetaria haya alcanzado niveles impensables.
Lo vimos en la pandemia y en la Gran Recesión del 2008.
La respuesta de los bancos centrales fue muy agresiva y contundente, y dentro de sus capacidades, hicieron todo lo posible para estimular la economía, incluso creando un arsenal de nuevos instrumentos de lo que llamamos ahora política no convencional, que en buena parte estaban inspirados por algunos de los trabajos asociados con este premio. Y también, en el episodio reciente de alta inflación tras la recuperación rápida después de la pandemia, la guerra de Ucrania, el boicot a la compra de energía a Rusia, etcétera: ya estamos en camino de alcanzar el objetivo del 2%. Y esto sin que haya habido una recesión.
¿La Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos se puede convertir en un contrapoder de la política económica de Trump?
No veremos por parte de la Reserva Federal lo que estamos viendo en el ámbito de la Administración, esta volatilidad, esta incertidumbre, estas políticas erráticas. La Reserva Federal tiene muy claro cuál es su función y la ejercerá con una absoluta independencia de todas las presiones que pueda recibir. Esto yo lo tengo clarísimo.
¿Existe una política monetaria óptima?
Depende del tipo de perturbación que afecte a la economía en cada momento. No es lo mismo si es un shock de oferta que de demanda. En algunos casos, puede estar justificado estabilizar con planificación y lo más rápido posible, pero, en otros casos, hay que alcanzar un compromiso para distribuir los costes entre inflación y actividad económica. La comunicación tiene una función muy importante para influir en las expectativas de los agentes económicos.
Usted es neokeynesiano. ¿Qué opina del reciente auge del liberalismo que defiende la reducción del papel del Estado?
Soy un economista muy ortodoxo, en el sentido de que yo creo que la intervención de los poderes públicos tiene que estar siempre justificada. Hay determinadas funciones que solo el Estado puede hacer, como la iluminación de las calles, la seguridad o un sistema judicial eficiente, etcétera. La estabilización macroeconómica creo que es uno de estos servicios públicos. Incluso académicos que no podían ser más liberales, como Hayek, reconocen este papel del Estado, porque los agentes individuales, por sí mismos, no tienen ningún incentivo en tomar decisiones que contribuyan a estabilizar la economía.
Ha estudiado también el efecto del incremento de la productividad en el empleo.
He analizado los efectos a corto plazo de la innovación tecnológica y de los aumentos de productividad. Y sí, no hay duda de que, en el corto plazo, puede tener un efecto negativo sobre el empleo. Pero esto no es independiente de la respuesta de la política monetaria. Alan Greenspan, cuando presidía la Fed, lo tuvo muy claro. En la segunda mitad de los 90, con la revolución de internet, la tasa de crecimiento del PIB era muy alta y dejó que fluyera, porque tenía como base incrementos de la productividad muy fuertes y que no eran inflacionistas, ya que venían acompañados de reducciones de costes. En cambio, a largo plazo, el incremento de productividad puede tener consecuencias sobre la desigualdad. Lo veremos en los próximos años con la revolución de la inteligencia artificial.
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